Cuando tienes un mal dia no hay consejo que sirva. Quizás sólo uno.

Hace unos días tuve un mal día, bueno, fueron varios malos días encadenados… nada en concreto, todo en general.

Imsomnio, mucho trabajo, mucha demanda familiar. Agotamiento, pocas ganas de hacer nada (salvo de desaparecer, pero casi ni fuerzas para ello).

Esos días malos malos en los que no sirve ni una de las herramientas emocionales, ni consejos de organización, ni ideas motivacioneales sirven. Bueno, a mi no me sirvieron. Era una especie de arrastrarme hasta que ya no pude más y me fui a la cama. Con la sensación de agotamiento, de bloqueo absoluto, de no tener fuerza para nada más.

Y simplemente lo dejé estar. Avisé a los niños que estaba agotada, que no podía más y que tenían que organizarse solos durante unas horas. Ya está. Asumí que no tenía fuerzas, que dónde mejor estaba era en la cama sin enfadarme con nadie, sin hacer nada. Simplemente tenía que dejar pasar esa tormenta huracanada que de pronto se había formado.

Y poco a poco se fue disipando. Mi profesor de yoga: respirar es vivir, asi que intenté centrarme en la respiración. Sí, lo intentaba, porque estaba tan agotada que eso ya era un gran esfuerzo y tenía que hacer un esfuerzo por observar mi respiración. Encendí un incienso de Palo Santo. Apagé la luz y por supuesto el móvil. Poco a poco conseguí ir volviendo a mi, agotada y sin fuerzas, pero sin ese nivel de estrés y ansiedad que gobernó todo mi día.

El único consejo que me servía era esa frase de » esto también pasará». Era mi objetivo: dejarlo pasar, (vale, en la mayor brevedad de tiempo). Es dejar pasar esos momentos o esos días, aceptarlos, caminarlos. Sin ese nivel de exigencia que a veces nos gobierna. Sin ese perfeccionismo de llegar todo.

Photo: Shashank Sahay, Tengyart

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